Bramar – Rocío C. Troyón

Bramar – Rocío C. Troyón

Escucho el bramar de las olas intenso, chapoteante, menguando entre la gente, figuras difusas e insonorizadas en tanto caos mental. El mar es un bálsamo, refugio y tregua para las almas ahogadas de razón. El paliativo natural más hermoso para esa enfermedad que se esconde sigilosa detrás de mil sonrisas.
Lo escucho y su música se hace a cada paso más ligera, más liviana, porque de a poco su frescura redobla el efecto curativo. El cuerpo se deja llevar en una misteriosa danza, se entrega al suave oleaje que antecede a la ruptura de esa gran ola que derriba turistas gritando eufóricos a pocos metros, y entonces miro el cielo diáfano y pienso que, de pronto, el paisaje se convirtió en una ironía, en un oxímoron tan naturalmente maravilloso que hasta se vuelve esperanzador. Entonces, deseo salir. Y corro, corro tan rápido como el cuerpo me lo permite después de esa danza zen al ritmo de las olas. Corro porque necesito alcanzarlo, corro porque no quiero que se vaya. Y llego a tiempo, porque no está muerto quien pelea, porque la esperanza es lo último que se pierde, porque la lucha es cruel y es mucha, entonces abro mi mochila, agarro el papel y el lápiz y escribo. Vuelvo a escribir. Escucho el bramar de las olas intenso, chapoteante, menguando entre la gente…

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