El tren- Rocío C. Troyón

El tren- Rocío C. Troyón

El tren es una constante en mi vida. Me sigue donde quiera que voy, o yo lo sigo a él. Ya no sé. Lo cierto es que lo escuché de manera constante e intermitente en los últimos seis lugares en los que habité, incluso hoy a 100 kilómetros de casa me vuelvo a despertar y escucho a las 4.30 de la madrugada ese ruido lejano, pero inconfundible del tren, cargado de frustraciones, sueños, esperanzas y miedos, que pasa sin mirar a esa estación desolada que lo espera en penumbras. Y hoy estoy ahí sentada, como nunca, observando lo que tantas veces imaginé en la oscuridad.

En ese lugar de encuentros, corridas, adioses, empujones y besos inolvidables, el frío a esta hora es entumecedor y el silencio abruma hasta que irrumpe a lo lejos el primer tren que viene directo a la estación. Me propongo fotografiar en mi retina, hoy y para siempre, la totalidad de la escena. La bocina de aire anuncia el paso fugaz de la cadena de vagones. El traqueteo sobre las vías es una sinfónica monocorde, y deseo, por un instante, que vuelvas a aparecer, como aquel día, en el andén, sin preguntas, y me abraces. Deseo que miremos juntos ese espectáculo sublime que más de una vez escuchamos despiertos y abrazados en la cama. Pero el tren pasa y el frío es entumecedor. Entonces, me doy cuenta de que no logré el objetivo, no pude captar con precisión toda la escena. No importa -me digo a modo de consuelo- lo haré mañana cuando ya no estés.

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